LAS RELIGIONES INDOEUROPEAS
Algunos científicos de principios del siglo
XIX investigaron acerca de los elementos comunes que encontraron en el extenso
grupo de pueblos que conocemos como indoeuropeos.
Los indoeuropeos ocuparon una amplia zona,
que se extiende desde la India al norte de Europa, la península Anatólica, la
península Ibérica y las Islas Británicas.
Existieron ocho grandes grupos indoeuropeos:
el indio, el iranio, el griego, el itálico, el céltico, el germánico, el
báltico y el eslavo.
Muchas de las lenguas que se hablan en el
mundo en la actualidad son de origen indoeuropeo. El español, el francés o el
italiano derivan del latín, una lengua del grupo itálico. El inglés o el alemán
derivan del germánico; el ruso, del eslavo; y las lenguas actuales del norte de
la India como el hindi, del indio
LA RELIGIÓN DE LOS VIKINGOS
La religión de los vikingos es la mejor conocida de las religiones de los pueblos germánicos, porque se hicieron cristianos muy tarde, hace tan solo 1.000 años. Una religión de guerreros.
El dios vikingo Odín.
Debido a esta cercanía en el tiempo, se han
conservado libros completos en los que cuentan sus mitos y su religión: son las
Eddas y las Sagas. La guerra era una ocupación muy importante entre los
germanos en general y entre los vikingos en particular, y morir en combate era
para ellos el mayor honor, porque creían que iban a un más allá mejor que los
demás. Según su mitología, serían llevados por unos genios con forma de mujer,
llamadas Valquirias, al Walhalla, la residencia de Odín, un enorme palacio con
miles de puertas. Allí deberían esperar entre combates y fiestas la llegada del
Ragnarok. Este momento era el del combate final, en el que lucharían junto a su
dios contra las fuerzas del mal que, capitaneadas por Loki, intentarían
destruir el mundo. Para los vikingos este combate del fin del mundo no se puede
parar. Así lo marca el destino al que ni siquiera los dioses, a pesar de todo
su poder, pueden escapar. El destino es la mayor fuerza sobrenatural en esta
religión.
LAS
RELIGIONES DE LA AMÉRICA PRECOLOMBINA
Antes de que llegase Cristóbal Colón en 1492,
existía una gran variedad y riqueza de poblaciones en América. Muchas han
desaparecido o se han mezclado entre sí.
El continente americano estaba habitado por
numerosos grupos humanos con culturas muy diferentes. Habían llegado en varias
oleadas desde Asia hacía decenas de miles de años.
Las tierras de los actuales Canadá y Estados
Unidos y las zonas de selva de Sudamérica y del Caribe eran el hábitat de un
gran número de tribus que se dedicaban a la caza y a la recolección de
vegetales o practicaban una agricultura parecida a la neolítica.
Pero en el centro y sur del continente
americano se desarrollaron diversas civilizaciones comparables a las de Egipto,
Mesopotamia o China. Las tres mejor conocidas fueron las de los mayas y aztecas
en Centroamérica y la de los incas en Sudamérica.
La religión de los mayas
Los
mayas desarrollaron una civilización muy avanzada, organizada en grandes
ciudades, en las que erigieron numerosos edificios de carácter religioso.
Las ciudades mayas eran centros ceremoniales
monumentales con pirámides escalonadas y otros grandes edificios de uso
religioso, así como observatorios astronómicos y grandes explanadas para
desarrollar los rituales. A la llegada de los españoles ya habían sido
abandonadas, pero se conoce su religión por la arqueología, ya que muchas
ciudades mayas como Palenque, Chichén Itzá o Tikal han sido excavadas a partir
del siglo XIX y han legado un patrimonio cultural impresionante.
También han llegado
hasta la actualidad algunos de sus libros sagrados, como el Popol Vuh, y parte
de sus creencias se han mantenido entre los descendientes actuales de los mayas
que viven en el sur del actual México y en Guatemala, más de una treintena de
grupos indígenas.
Los mayas tenían una gran cantidad de dioses
cuya importancia era variable. No eran iguales en todas las ciudades y fueron
también cambiando de nombre con el tiempo.
El primero es HunabKu, «dios uno», el dios
creador, que no tiene representación. Su hijo es Itzamná, dios del cielo,
protector de los reyes y primer sacerdote. Se le representa en forma de dragón.
Puede manifestarse como el Sol, tomando entonces el nombre de KinichAhau,
«señor ojo solar».
Ixchel era la diosa de la fertilidad y
protegía a las mujeres durante el parto. Se manifiesta como la Luna.
Chaac es el dios de la lluvia y la fertilidad
que procura. Suele llevar en sus manos un hacha.
Diversos dioses se dedicaban a los seres
vivos de la naturaleza: YumKaax, «señor de la selva», dios protector de los
animales. También el Dios del maíz es un dios muy importante, ya que el maíz
era el principal alimento de los mayas. Su nombre antiguo no está claro.
BolonDzacab, «linaje ancestral», serpiente alada, es el poder protector del
dragón cósmico entre los hombres y es también dios de las simientes.
Por último, Ah Puuch es el dios de la muerte
y las enfermedades que habita en el inframundo.
La religión de los aztecas
La zona del actual México fue la cuna de diversas civilizaciones
centradas en el cultivo del maíz, que crearon impresionantes ciudades como
Teotihuacán, abandonada en el siglo VIII e.c
La civilización de los aztecas es heredera de todas las de la zona, además de ser la que mejor conocemos. Su lugar principal era la capital, Tenochtitlán, que creían el centro del universo y punto de intersección de una cruz, cuyos extremos marcaban los territorios que debían ser conquistados para instaurar en ellos el orden deseado por los dioses. En el centro de las ciudades aztecas se construían templos en forma de pirámide, y en su cúspide se situaban los altares desde donde los sacerdotes realizaban el culto a los dioses y los sacrificios, también de seres humanos.
Los dioses aztecas tienen orígenes diferentes. El calendario, las
festividades, los grupos profesionales y cada uno de los pueblos tenían sus
dioses tutelares. Por ejemplo, Quetzalcóatl, cuyo nombre significa «serpiente
emplumada», era la divinidad principal en la cultura de Teotihuacán, dios del
arte y descubridor de la industria y la agricultura. Este dios mantiene una
rivalidad con su enemigo y complementario Tezcatlipoca, «espejo que ahúma»,
dios de la noche y de la guerra.
Ometeotl es el dios supremo, creador de los dioses y los seres humanos.
Se trata de un dios dual, a la vez femenino y masculino. Entre los aztecas el
dios supremo es Huitzilopochtli, dios solar, de los guerreros y protector de
los aztecas.
Tláloc es el dios de la lluvia. El que permite que las semillas se
conviertan en vegetales y que haya una buena cosecha. El templo mayor de
Tenochtitlán le estaba dedicado junto a Huitzilopochtli, dios identificador de
los aztecas.
Otros dioses son Ehécatl, dios del viento y de la vida; Coatlicue,
diosa de la tierra; Cinteotl, dios del maíz; Tonantzin, «nuestra madrecita»,
diosa madre, protectora; Xochipilli, «príncipe de las flores», dios del amor
amor, del baile y las artes; Mictlantecuhtli, dios de la muerte, que habitaba
con su esposa Mitlancihuatl en el inframundo.
La religión de los incas
El
imperio inca fue la última de las grandes civilizaciones andinas. Unificó y
controló un enorme territorio de 5.000 km de largo y su religión tuvo una gran
importancia porque servía para ordenar la sociedad.
El rey, al que se conocía por el nombre de
Sapa Inca, era considerado un dios y se le llamaba «Hijo del Sol». Todo lo que
tocaba se convertía en sagrado. El rey era considerado también el centro del
mundo.
Los incas creían que el universo funcionaba
correctamente gracias a él. Vivía en la ciudad central del imperio, llamada
Cuzco, que quiere decir «ombligo».
Una de las principales labores del monarca
era presidir la celebración de los rituales necesarios para que las cosechas
fueran buenas, además de las fiestas en honor de los dioses. También anunciaba
los equinoccios y los solsticios.
Para celebrar los rituales, realizar las
observaciones astronómicas y atender a las necesidades del rey era necesario un
gran número de sacerdotes. El más importante de todos ellos era el sumo
sacerdote del Coricancha, el templo del sol del Cuzco, cuyo cargo desempeñaba
el hermano del monarca.
Los incas tenían sus propios dioses pero, en su
expansión por los Andes, fueron adoptando algunos de los dioses de los pueblos
conquistados, como Viracocha, dios de la cultura de Tiahuanaco, el que lleva la
civilización a los hombres. Cuando el conquistador español Francisco Pizarro
entró en contacto con los incas, estos creyeron que se trataba del propio
Viracocha que regresaba. Otro de los dioses que tomaron fue Pachacamac,
procedente de la cultura costera, cuyo templo principal se encuentra en las
cercanías de Lima. Era creador de la humanidad y esposo de la Pachamama o madre
tierra, diosa muy popular, cuyo culto estaba relacionado con la fertilidad de
los campos y los animales.
Más importante que todos ellos era Inti, el
Sol. Los reyes incas decían que eran sus descendientes directos. Su esposa era
Quilla, la Luna, madre del firmamento.
También tenían importancia Illapa, dios del
trueno y de la lluvia, y Saramama, diosa del maíz.
Los
mayas, incas y aztecas fueron grandes astrónomos y muchas de sus celebraciones
coincidían con los equinoccios y solsticios.
El Inti Raymi o fiesta del sol inca coincidía con el solsticio de
invierno (el año nuevo solar). Para los incas esto significaba obtener el favor
del sol para fecundar la tierra y procurar bienestar a los ciudadanos del
imperio.
En esta ceremonia tomaban parte los
principales dirigentes del ejército inca, así como sacerdotes y señores, pero
según el ritual todo el pueblo participaba cuando el inca (emperador) brindaba
por el sol con el pueblo.
Hoy en día se celebra en Perú, en Cuzco, la antigua capital del imperio inca, la fiesta del sol, aunque haya perdido ya su sentido original.


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